CRÓNICAS DEL NOROESTE

Transparencia de las lenguas

Escrito por cronicasdelnoroeste 27-01-2012 en General. Comentarios (0)
TRANSPARENCIA DE LAS LENGUAS
    
       Nunca, como en estos tiempos, se ha hablado tanto de las lenguas. Una razón, porque en España, por fin, desde Pidal y su escuela de filología, se han realizado estudios interesantes sobre el desarrollo histórico y científico de las variaciones lingüísticas españolas y siempre a la zaga de los estudios, que sobre estos temas, se han venido realizando con anterioridad en otras naciones. El estudio de la Lingüística es una aspiración científica legítima pues investiga los procesos de comunicación de los individuos, las estructuras de las lenguas, que es una parte importante de su historia cultural y despierta el interés social sobre ellas.
Otra razón bien distinta, y más poderosa todavía, y también de moda en la actualidad, es el haber colocado las lenguas en el mástil de las banderas de identidad de los pueblos como elementos diferenciales. Una tensón añadida a las lenguas creada por los nacionalismos que han puesto en marcha nuevos chovinismos patriotismos que se mueven en sentido inverso y contra corriente de la  cultura mundial. Esta, tiende a la unidad; ellos, buscan la disgregación; la cultura es difusiva y global, las tribus constriñen y cierran horizontes. Así hoy las lenguas son estandartes en las sedes de los partidos, son objeto de transacciones en las negociaciones de competencias y son señuelos de votos en las campañas de propaganda.
 Los nacionalismos también sufren el mimetismo de otros países centroeuropeos que han logrado su independencia y se refuerza con anacrónicas ensoñaciones racistas de grupos aislados de la península. Las lenguas propias son coartadas para suplir la carencia de elementos suficientes de identidad propia. Sus líderes tienen más voluntarismo que reflexión, más impulso irracional que noble defensa de lo autóctono. De tal forma que  las  lenguas, los dilectos,  todas las diferentes formas de habla locales, sus marcas léxicas o fonéticas, se están contaminadas del efecto patriótico que le imprimen los jefes de tribu en los mítines y las soflamas partidistas olvidando sus propias funciones comunicativas.
 Los nacionalismos toman el victimismo como refugio de los ataques de unos hechos que no le son favorables. La realidad es que ellos no son, ni han sido, el centro de grandes ni pequeños imperios. El tiempo no retrocede y la historia de cada pueblo es simplemente lo que es. La unidad es mejor que la disgregación, la solidaridad antes que el aislamiento, una lengua grande mucho más funcional que una pequeña. El babelismo es una maldición para  romper la convivencia. Es mentira que existan paraísos perdidos, ni pueblos elegidos, ni lenguas sagradas, ni profetas iluminados. Se confunde la forma de hablar con las ideologías políticas, con la raza, con la sangre, con la tierra, se toman como símbolo de libertades y autogobierno que nunca tuvieron. Si se invoca la historia se debe aprender de ella. Y estudiarla.
       Y no es que la lengua de un pueblo no tenga nada que ver con la cultura, con las diferencias étnicas, con la idiosincrasia particular de cada pueblo y aún de cada individuo, con todo el acontecer histórico que han vivido en tiempos pretéritos. En realidad la lengua es el reflejo de carácter de sus hablantes, es una señal de identidad cultural, es el clima propio de la convivencia en común, es una estructura mental específica que, desde la cuna, se aloja en la conciencia colectiva y iene el color propio del paisaje, de los ríos, del cielo, de las líneas geográficas donde se habla y el talante de la gente que la emplea. Lo que no se puede hacer es atropellarlo todo, mezclarlo todo en esos nebulosos, exaltados, imprecisos sentimientos nacionalistas, regresivos, belicosos, excluyentes que son reliquias de un romanticismo superado.
 Y la magia, fruto de la incultura de la tierra, está también presente. Hace a los nuevos redentores de la patria, magos y malabaristas. Ofrecen propuestas tan peregrinas que chocan con las auras de la cultura universal que recorren el mundo. No, los sistemas lingüísticos no pueden ser moneda de cambio, ni abalorios tramposos sin el valor que prometen, ni contratos de compraventa en las campañas políticas, ni armas arrojadizas contra nadie. Son mucho más que eso. Ni la lengua es la patria, ni la patria implica obligada denotación lingüística. De hecho muchas naciones diferentes, en latitudes distintas,  hablan la única lengua inglesa o española o árabe, así como dentro de las fronteras de únicas unidades nacionales se usan varias lenguas diferentes sin que suceda nada grave.
La lengua es estrictamente comunicación. Une a los pueblos que la hablan en la unidad de cultural que trasmite. Cuanto más hablantes la usen mayor riqueza comunicativa. La lengua es un producto claramente instrumental, tan mediatizado al servicio del mensaje, tan profundamente sometido a la comunicación, tan buen conductor del pensamiento, tan servicial a las necesidades comunicativas, que ha pasado de puntillas a través de la historia, durante siglos y todavía se escapa hoy a la reflexión consciente del pueblo que la emplea. La lengua es simplemente comunicación. Los hablantes están mucho más atentos al mensaje, más atentos a resolver problemas del aislamiento y soledad humana, que a esa compleja relación de signos hablados y escritos que los pueblos solidariamente han ido libando durante siglos y pueden modificar siempre en las necesidades de sus relaciones sociales.
Esta función comunicativa es tan importante que las palabras del habla se pierden ante la grandeza del mensaje, ante la fuerza de la comunicación. El cuerpo fónico o gráfico de la lengua se hace invisible ante la referencia al significado que lleva dentro. La legua es un vehículo que conduce el mensaje de unas personas a otras y las palabras son translúcidas y transparentes, como palacios de cristal, tan esclavas del contenido que muy poco se repara es su presencia. Pierden su vida en acto de servicio a la comunicación sin que se tome mayor conciencia de su presencia en la conversación. Tienen sólo una valor ancilal. Así es como lo entiende el pueblo que la ha inventado y la usa en sus relaciones. Sobre todo el pueblo bajo, el hombre de la calle, el pueblo, la mayoría de los hablantes, los que no sufren complejos al hablar libremente o intoxicaciones políticas, religiosas o racistas, que entienden a fuerza de sentido común que la lengua es fundamental y primariamente elemento  comunicativo, con finalidad práctica, Pasan de largo sobre el color de los signos, sobre la estructuras de las frases, sobre su sentido simbólico, ni tienen conciencia de ello, ni les interesa gran cosa, porque la lengua en realidad es eso, codificación y descodificación, misiva y correo, facilidad de decir lo que se quiere decir, relación humana y personal, solidaridad y convivencia espontánea.
A veces hasta se omite por innecesaria ante la elocuencia de gestos o iconos no verbales que la suplantan con ventaja. Y son espureos todas las demás valoraciones que los magos de hoy hacen de sus pequeñas lenguas vernáculas con grave deterioro de la circulación más amplia y fecunda de la cultura global. La lengua es del pueblo que la usa o deja de hacerla con libertad, de forma aséptica, es del hombre de a pie, que transita en las plazas públicas y en las calles del barrio, que habla con los demás en el campo de trabajo, en los mercados públicos, en el comercio, en la familia, ajena a normas e imposiciones de políticos veleidosos.
         Sólo algunos estudiosos, los filólogos, los lingüistas, paleólogos, de antes y de ahora, se dedican al estudio de esa escurridiza realidad que es el aspecto visible y mensurable del sistema, el aspecto sensorial de la comunicación, los componentes fónicos y gráficos que forman las palabras, su delicada transparencia, su origen histórico, sus variaciones semánticas en el tiempo, su evolución diacrónica, su estructura sincrónica, la variedad de lenguas diferentes del mundo, la relación de unas con otras, sus mutuas influencias históricas, la suerte que han tenido unas en determinadas geografías al amparo de banderas vencedoras y el oscuro destino de otras en la caída de los pueblos que las hablaban. Y son legítimos estos estudios porque la lengua además de un instrumento de comunicación entre los hombres, es una creación humana, un producto mental del ser humano, una realidad objetiva tangible, que merece todo el análisis crítico que se dedica a las demás ciencias. Será su mejor conjuro contra las maniobras de pequeños líderes temporeros de la tierra
       También los poetas tratan el signo lingüístico con dedicación especial. Los poetas, los dieses de la creación lírica, los artistas del verbo, resbalan también sobre la función comunicativa de la lengua y la toman en sí misma como materia prima de sus creaciones y juegos lúdicos verbales, admiran su belleza sensorial en su fragilidad y transparencia simbólica, en su tonalidad semántica polifónica, en su mágica función polisémica, en su aspecto estético, y juegan con ellas como con talismanes de encantamiento para construir creaciones artísticas. La lengua se convierte en manos de los poetas en material artístico de sus versos al margen de la comunicación. La palabra se hace materia plástica en sus manos. También el mensaje tiene importancia para el poeta, pero en muy segundo lugar. Ellos,  sensibles,  penetrantes, dioses creadores, entran más en el color de los signos, en su función lúdica, en su sonoridad, en el significante, más que en su utilidad práctica y comunicativa.
       Sin embargo, las lenguas españolas nunca hubiesen alcanzado la importancia que se les está dando si no hubiesen entrado en las aguas turbulentas de la política, si no las hubiesen secuestrado los profetas de la tierra, si no las hubiesen implicado en valoraciones que las lenguas no tienen. Este es el delito que se está perpetrando contra la realidad  lingüística española. Las lenguas no son instrumentos políticos ni mucho menos material de trabajo de derviches ignorantes. Y por todavía que esto se hace en las sombras de la incultura de la tierra y la ofuscación de las fiestas nacionalistas que confunden las pequeñas verdades con grandes mentiras.
 Y cuando se somete a la forma de hablar de un pueblo a estas violaciones se profana su estado natural y nacen los mitos perturbadores de las políticas lingüísticos que es un importante factor de discordia. No se pueden  borrar del mapa las grandes lenguas para imponer las pequeñas. Es achicar el progreso. No se pueden hacer recambios caprichosos en procesos que tiene dimensiones seculares. Las conquistas humanas solidarias de las sociedades como son los hábitos de la lengua recorren el camino de su evolución fónica y semántica muy lentamente. Recuérdese la evolución del latín vulgar hasta la lengua de quinientos millones de hablantes a través de tantos avatares históricos. Las lenguas ni se quitan ni se ponen. Ni mucho menos se inventan. Las lenguas tienen sus propias leyes internas y sus propias defensas mucho más fuertes que el capricho de los líderes de moda. Y en todo este torbellino dc cosas no debería olvidarse la importancia histórica y cultural, nacional y mundial, del Español como lengua vehicular de una  gran cultura, lengua oficial de muchas naciones y con el prestigio de las lenguas más habladas en el mundo de hoy. Una lengua que merece todo el respeto del mundo y debe defenderse contra los ataques de las tribus periféricas.

Cereijo
Orense 3-10-88

Los afiladores

Escrito por cronicasdelnoroeste 10-12-2010 en General. Comentarios (0)

 

LOS AFILADORES

         El afilador es una marca gallega y un producto autóctono, como el Ribeiro, como la empanada; marca exclusiva de Galicia. Tiene su origen en la zona de montaña del norte de Orense, tierras acorraladas entre la sierra de Queixa, la Moá, los fríos de Cabeza de Manzaneda, la sierra del Caurel. Por medio, el rumor mágico de las aguas del Sil y del Miño, el olor místico de la Ribeira Sacra y la lección pétrea de sus iglesias, castillos y murallas. Tierra arenosa, lavada por las lluvias, solo con mucho esfuerzo mantiene una pobre agricultura de subsistencia. Un escaso legado cultural es la herencia de sus gentes siempre alejados de los centros de cultura. Luintra, un pueblo rural de Nogueira de Ramuín, es criadero de afiladores y además allí, mirando al Sil, conserva las ruinas de San Esteban, monasterio benedictino que es referencia cultural del neoclasicismo español donde el P. Feijóo con sus enseñanzas intentó rebajar la incultura endémica de su pueblo. Desamortizado primero, ha sido restaurado recientemente y hoy convertido en parador turístico y recuperado para su prístina actividad cultural.

 Ante la penuria de la tierra, los habitantes de la comarca se ven forzados a buscar la vida en otras rutas, otear nuevos horizontes y saltar las fronteras de sus pequeños pueblos. Y así los afiladores gallegos salen por el mundo con el espíritu aventurero de los conquistadores que viajaron a América, con el miedo a la vista de los viejos fantasmas de la emigración y la alegre sugestión de explorar mundos nuevos que es la tentación que anida siempre el alma del hombre gallego y los reparte por los rincones de la tierra. El afilador supera la emigración estacional y temporera de la trashumancia de los pastores castellanos que se desplazaban en busaca de pastos para sus ganados. O los segadores que aprovechaban el tiempo de verano para recoger el trigo en la meseta: “cuando van, van como rosas, cando ven, ven como negros” decía Rosalía. Yo los vi hacinados en pajares en las eras castellanas. O los vendimiadores que llenaban las tinas de los lagares con cestos de racimos que subían a acuestas por difíciles trochas y socalcos. Los afiladores dejaban las aldeas sin destino fijo, sin fecha de retorno y sin dinero. Pura aventura.        

 El afilador es un taller ambulante, juntos empresario-obrero, con técnica a domicilio y máquina propia. Cumplía una necesidad de servicio a los vecinos como es el afilado de instrumentos de cocina y herramientas agrarias, hachas, escoplos, hoces. Al grito de, se afilan cuchillos, tijeras, navajas, los clientes salían a los portales y a las calles y la faena  comenzaba a ritmo de pedal. El afilador es pariente cercano del paragüeiro que con buena maña arreglaba las averías que los temporales del norte marcaban en sus  paraguas; del cacharreiro que remendaba como un mago con parafusos -taladro de cuerdas y dos direcciones- y grapas las vasijas de barro rotas; de los capadores, zarralleiros, quincalleiros, todos artesanos ambulantes. La Celestina en los viejos tiempos también restauraba  los virgos desarreglados de sus jóvenes clientas. Y no consta que los artesanos gallegos tuvieran alguna oculta afición de este tipo aunque a veces un mismo operario podía realizar varios oficios a la vez.

La máquina de afilar es la tarazana o roda de afiar. Los primeros afiladores llevaban rodas de poco peso que trasportaban a cuestas de un pueblo a otro; que debía ser esfuerzo de titanes. También se movían en trasportes públicos, camiones, trenes, barcos. Después para hacer más llevaderos los traslados cortos se adaptó la rueda grande del pedal para rodar y empujar el equipo por los caminos rurales con menor esfuerzo. Un equipo rodante. La carcasa es un armazón  piramidal de madera con el pedal adosado al lado que el afilador maneja con destreza ante la mirada expectante de los curiosos. La llegada del afilador al pueblo debía ser un pequeño espectáculo popular para niños y grandes. 

La rueda grande del pedal, radial o madera maciza, por medio de una polea, moviliza la rueda de esmeril colocada en la parte superior donde el afilador va pasando, de pie, pedaleando con cariño, las tijeras de los clientes y dejando a su paso la estela de chispas que es muy típica en herrerías. De ahí deriva el topónimo, terra da chispa, que se aplica a los orensanos. En la parte posterior lleva la alacena o anaquel, con otros complementos de trabajo. Las ruedas radiales son de fabricación casera, familiar, y llevan el sello particular de la habilidad técnica del fabricante. A veces era el dueño o un vecino amigo. Hay ruedas que son verdaderas obras de arte y  recogen el saber popular del tiempo donde intervienen carpinteros, herreros y hasta los canteros. El movimiento lento de la rueda grande gradúa adecuadamente la velocidad de la de esmeril. El equipo rodante facilita la movilidad y el porte de equipaje. La rueda de madera se guarnece con una llanta de hierro que evita la erosión de rodaje. Más tarde se aplica al sistema la fuerza mecánica y los pedales de las bicicletas y el motor de motos de todas las cilindradas.

 Las piedras de esmeril es un cemento de óxido de silíceo, variedad del corindón, muy tenaz y abrasivo. De la habilidad del afilador, de la dureza y la finura de los granos de la piedra, depende el pulimento y la mejor calidad del afilado. En las casas rurales todavía hoy se encuentran esas grandes piedras de esmeril, a moa, o molexón, rueda de molar, asperón, que se mueve con manivela y navega sobre un cuenco de agua que va enjuagando el afilado. Es la figura que nos recuerda el afilador de Goya. Ya sólo son buenas para el recuerdo, permanecer fijas en el taller y esperar el merecido retiro en algún museo etnográfico de esos que están ahora  de moda. El mundo rural, el rico mundo rural de antes, muere cada día y se esconde en los rincones silencios de los museos, como las moas y las ruedas de afilar, asustado de los cambios nuevos,

El arte de afilar es tan viejo como el hombre que ya afilaba sus flechas y sus dardos. El de ahora tiene siglos. Pero el afilador gallego es además símbolo de la capacidad de adaptación al tiempo, testigo de muchas tradiciones orales de los pueblos y de la laboriosidad a toda prueba de sus gentes. El aprendizaje era directo, de boca a boca, de padres a hijos, pura tradición oral. Los afiladores suelen ser hijos de afiladores. Y extraña hoy no encontrar en esta tierra y en este tiempo de recuperación de costumbres, escuelas, talleres o ramas de formación profesional con algún valor académico relacionadas con esta actividad. Nada. Solo la vieja figura del  taller ambulante ofrece servicios a domicilio, el viejo afilador que los sirve todo a puerta de casa y mantiene el espíritu de su gremio. Hasta llegaron a elaborar su lengua profesional, el barallete, la germanía o jerga, su lenguaje técnico, que facilita la comunicación entre los miembros y preserva el secreto de sus técnicas. Todo ha entrado en proceso de extinción.

Los afiladores proceden de Orense. Os de Orense afiladores, os de Lugo canteiros. La fiebre de la rueda prendió en la zona norte de Orense, en la frontera con Lugo. En Luintra existe un monumento de piedra al afilador, a donde llegan hoy los descendientes de afiladores de todo el mundo. Es el santuario de la rueda. Hay afiladores de Pereiro de Aguiar, de Esgos, de Parada del Sil, de Xunqueira de Espadañeda, de a Teixeira, de Monte de Ramos, de Castro Caldelas, de Puebla de Trives, de San Juan de Río.  Florencio de Arboiro, artista y coleccionista, de esta tierra, tiene en este ayuntamiento la mejor colección de rodas de afiar recogidas por la zona. Recoge con ellas referencias biográficas de sus dueños, de los pueblos que han recorrido y completan el perfil humano del afilador. Esa colección es un eslabón en la historia de la cultura gallega. Desde luego la mejor colección privada de ruedas que denuncia a gritos la despreocupación oficial sobre el tema y la falta del gran museo permanente del afilador a nivel provincial y autonómico. Materia pendiente de los vigilantes culturales de esta tierra.

 Los afiladores orensanos viajaron a otros pueblos gallegos, a Castilla, a Extremadura, a Andalucía. Embarcaron sus ruedas en las bodegas de los barcos con destino a África, a América. Hay pequeñas historias de afiladores en todos los continentes, sobre todo en los pueblos hispanos de América donde coincidían con otros paisanos emigrantes. Incluso recorrieron regiones de Estados Unidos. El destino de los afiladores es un capítulo de la emigración pendiente de estudio. El afilador llega casi siempre con la inconfundible melodía de su Chiflo en la boca que es otra de sus creaciones originales. Este es un instrumento musical de viento, también creación casera como la rueda, Suele ser una placa de madera con agujeros de distinto tamaño, a veces son cañas adosadas en forma triangular. Todo el mundo conoce su sonata. Con el pregón directo en voz alta, “se afilan navajas”, parecido a los serenos madrileños que también eran gallegos, se interrumpe con la serenata del chiflo u ocarina que arrastraba a los clientes. Allí estaba el afilador fácil al chiste salaz y la sorna galaica. Terminado el trabajo entraba la perra gorda en la hucha. Si el día era bueno de ahí se pasaba a la cantina del pueblo a beber un vaso de bon vino como los viejos juglares.

La tradición cuenta la historia de un joven de apenas 20 años que pudo agenciar una rueda de afilar, tomó la dirección del sol y empujando la rueda llegó a Barcelona que debía ser el dorado español. Las crónicas solo dicen que al llegar había ahorrado 1000 pesetas. Mil pesetas entonces y en contabilidad gallega eran mil pesetas. Bastantes perras chicas. Pequeñas fortunas. Seguramente que Barcelona tenía el rastro de algún pariente que le reclamaba y compartía las desventuras de la emigración y había llegado allí también con cartas de recomendación. El punto de partida y los sueños eran parecidos. Pero la suerte era alterna, para unos mejor que otros. Unos sobrevivieron y retornaron a la patria con la maleta llena de recuerdos y nuevas experiencias que han contribuido al desarrollo actual de Galicia. La emigración enriqueció el patrimonio cultural de la tierra.

 

Cereijo

Orense  1-9-10


El Papa conoce la historia

Escrito por cronicasdelnoroeste 17-11-2010 en General. Comentarios (0)

 

El PAPA CONOCE LA HISTORIA

        Lo dice el Papa. Y no en vano. El pasado está muy reciente todavía. Los años 30 no son un error ni una casualidad. El ilustre huésped no suele hablar por hablar, ni improvisar sus discursos, porque es norma de su vieja diplomacia. Aquellos años 30, se repiten. Años de sediciones, de golpes, de pronunciamientos; el 15 de agosto. Ahora es parecido aunque el cambio de régimen se hace con disimulo, se hacen estatutos a la carta, se burla la constitución y las leyes cuando conviene, se desprecia el parlamento. Los votos valen si son favorables y los partidos siempre tienen razón. Sólo vale su verdad, lo demás no existe, se borra; hasta con alevosía, con nocturnidad, por la puerta de atrás, a traición, sin que nadie se entere, con cortinas de humos, con desprecio de la libertad de los otros. Todo bajo el efecto hipnótico de la  propaganda y la mentira de lo políticamente correcto.

Aquellos años 30 encendieron la mecha en la puerta de muchas iglesias. Ardieron mil templos al mejor estilo talibán, se quemaron con impunidad las mejores bibliotecas y archivos de Madrid. La cultura se entregó al saqueo. Conviene revisar la historia. Hoy es casi Igual con algunas concesiones a los nuevos tiempos. La saña es la misma; ahí está el incendio de la memoria histórica, el incendio de las páginas de la historia real, la necrofilia de las excavadoras en los descampados, el recambio malabar de vencedores por vencidos, único en el mundo civilizado. ¡Y ya lo habíamos arreglado! Pero hay nueva arremetida contra los crucifijos de las escuelas, incluso hay prevaricación de jueces cómplices en la extorsión de la historia y destrucción de archivos históricos. Sigue de fondo la tensión bélica como antes. Las nuevas fiestas olvidan los millones de muertos que quedan en las tumbas, acaso bajo herencia del olvido. Claro que el papa tiene razón. Las piedras hoy no son combustibles y la acción directa no está bien vista. Pero hay placebos y sesgos que son en realidad pura prevaricación. El último botón de muestra, el Valle de los Caídos, que es historia, que es arte, que es libertad, que es conciliación, que es España, está al filo de la piqueta. Después será el Escorial. La cita del papa es un crono de advertencia, una señal indicativa en el camino.

Son los años 30, segunda república que revivió de nuevo el anticlericalismo. Muerte a los curas y a sus aliados. Hasta las monjas y las pacificas señoras de la adoración nocturna. Es más divertida la vida licenciosa de la calle. Nacieron las checas y las fosas comunes. Cada grupo político tiene las suyas. Era el terror ruso importado. Y como la sangre del monstruo nunca se seca, y de nuevo hoy renace el acoso al clero, a sus instituciones, a las creencias. Hay diferencia con el trato a los sindicatos. Hace poco Zapatero se proclamó rojo ante toda España. Y es verdad. Un rojo de la peor casta, amigo de sus viejas ideologías, líder fanático de su ateísmo agresivo y valedor de la religión de los sultanes y los hijos del profeta, incluida su alianza de civilizaciones y que da nuevos motivos a la guerra santa y a las consignas secretas de las logias que siguen alimentado la leyenda negra de esta tierra. Acaso el Supremo Arquitecto o Mahoma con sus harenes tienen más crédito que los viejos y toscos dioses hispanos. Y en esas andamos. Y se hace con disimulo, entre palabras ambiguas, con mensajes confusos y medias verdades. Sin que se note. En el sur se enseña árabe en las escuelas, los emigrantes tienen más privilegios que los nacionales y a la vista está la ley de cultos. Pobre libertad de conciencia, pobres conciertos vaticanos y pobres obispos. De nuevo el resentimiento, la revancha de sus fracasos anima los frentes de izquierda como antes, las exclusiones y los cinturones sanitarios.

Los años 30. La destrucción de España, la piel del toro al revés. Allí nacieron los nacionalismos y ahí están como el comején en la madera vieja. La patria hispana, la del imperio, la de los descubrimientos, la de grandes artistas, la de los místicos, la gran historia de España, ahora son  diecisiete reinos de Taifas en caótica convivencia. Escándalo administrativo en los fragmentos y la ineficacia. Ni los estados federales que se buscaban. Ni se preguntó al pueblo español ni hubo elecciones. No existe en Europa un pueblo más descentralizado que España. Claro que la nación es un concepto discutido y discutible. El fiasco marxista no ha servido de nada y la izquierda española nunca ha asimilado sus derrotas ni sus errores. No ha pedido perdón ni tiene propósito de la enmienda. Han sabido cambiar las derrotas de las urnas o de las guerras, en fantásticas victorias. Y ahí están. El Presidente, con mayúscula por razón ortográfica, no tuvo tiempo para ir ni a Santiago, ni a Barcelona. Será miedo a la cruz, a los abucheos o debilidad de liderazgo. Improvisó una visita a la misión de paz en Afganistán. Trampa sobre trampa. Por eso es muy significativo que un papa de origen alemán, tenga que recordar en su homilía aquellos rojos años de la historia de España. El fracaso de la primera y la segunda república y el vigente sectario laicismo  de Zapatero el Rojo, debería escuchar el mensaje del papa para evitar los infinitos sacrificios que aquellos años causaron a España. No  repetir los errores.

Los años 30. Había que comenzar de cero. La tradición no tenía ningún valor. Esas viejas tradiciones que conforman la gloriosa historia de España como no existe otra entre las naciones del entorno, debería borrarse con la monarquía. Incluso los ejércitos. Ellos en los años 30, licenciaron a los militares y cerraron las academias. No valían los triunfos de los tercios españoles en el mundo, ni los siglos dorados de España, ni aquella España de los austrias con sus luces y  sombras. Hoy seguimos haciendo lo mismo. Ministros devaluados, inermes soldados que ni siquiera saben por qué mueren en los frentes, grupos de hombres enrolados en misiones humanitarias como grupos de voluntarios de una oenegé. Prohibido usar las armas y borrar los  rótulos de servicio a la patria. Desaparece el ejército, las fuerzas armadas y hasta la policía. La bandera solo en puntos eufóricos deportivos como mucho. En vez de orgullo es signo de vergüenza y bochorno. Ningún ciudadano del mundo se avergüenza de sus símbolos. Aquí sí. Pues ni bandera, ni ejército, ni disciplina, ni educación militar, ni nada que sugiera aquella España eterna. Hasta el esplendor de la vieja fiesta nacional se ha diluido. Sabiendo que no existe pueblo en el mundo que no sienta el orgullo de sus hombres de armas, de su bandera, de sus tradiciones. Porque ellos son sus  raíces, su razón de pueblo, porque son viejas. Y España es más vieja que Pablo Iglesias. Mucho más. Ha cruzado muchos escollos difíciles en la historia, muchas crisis en el camino y es de suponer que si el viejo espíritu hispánico no ha sucumbido antes también resista la crisis ahora. Igual es eso lo que sugiere el papa.

Los años 30, sembró la cultura de la muerte en esta tierra. La violencia y exterminio, la lucha de clases. ¡Cuántos muertos en las tumbas en el siglo! Mejor sería no recordar. Pero esa extraña memoria está lanzando los muertos a la cara de sus mentores. También la Audiencia tiene su muerto. Y es ya hora de dejar los muertos en paz. Las viejas armas ya están llenas de óxido y la muerte siempre es mala y los hombres de ambos bandos cansados de pelear y el sudario de reconciliación ya lo había cubierto ya. Por eso se nos hace insoportable el lamento lastimero de miles de niños triturados en las clínicas abortivas y miles de ancianos en los lechos de su muerte bajo un pretendido derecho a abortar o a una eutanasia terapéutica o una píldora abortiva gratis que se ofrece a las niñas quinceañeras en la flor de la vida. No, la muerte no puede ser un derecho. Son las víctimas más débiles de las campañas ideológicas que recuerdan los hornos de los nazis y las purgas raciales. Negro panorama para la vida. Posiblemente la homilía del papa pensaba en eso y trataba de evitar a la católica España nuevos sufrimientos.

Los años 30 se hacía muy pesada la vieja moral. También estorba la  ortodoxia de los viejos moralistas. No vale reformar, hay que quitarlo todo porque se trata de productos burgueses, una herencia perversa que debe borrarse desde las bases. Se aprobó el divorcio, se prescinde de valores éticos y morales. Se impone el relativismo absoluto en todo, criterio laico en las escuelas y escepticismo mental. Todo vale. No prohibir nada y felicidad al instante. Píldoras en los estuches de clase, condones entre los libros, máster del manejo del clítoris a la niñas impúberes. Ni referencia a la trascendencia, ni respeto a la dignidad de la persona ni valores humanos. El joven muere entre botellones, drogas y la euforia hedonista. La familia sigue siendo un producto burgués que debe eliminarse. Hasta el nombre de padre y madre estorban. El divorcio ya es un simple repudio de otros pueblos, hay familias monoparentales y el disparate del matrimonio homosexual. El matrimonio no es eso. Con respeto a las diferencias de sexo no todo es igual. Todos lo saben y sólo la ofuscación hace olvidar la figura del ser humano y las enseñanzas de la historia. Por lo tanto, el papa siendo o no infalible, no debe andar muy equivocado. Y en todo caso es más peligroso para la sociedad el fanatismo de un líder alucinado que la sugerencia amable del jefe de la cristiandad.  

 

Cereijo

Orense 6–11- 10

Distorsión de género

Escrito por cronicasdelnoroeste 09-11-2010 en General. Comentarios (0)

 

DISTORSIONES DE GÉNERO

 

          Encontré este verano un libro en la estación de trenes, que me sirvió de lectura de vacaciones. Conocía al autor pero no conocía el libro. Era el “encantador de perros”, el mejicano César Millán. El tema  de los perros, un tema exquisito y su autor un admirable profesional. Lo sabe todo sobre perros; pero los arreglos gramaticales no me gustaron tanto. Zapatero, a tus zapatos. El manejo de los  perros –así en masculino que en el español de ambos continentes incluye a machos y hembras- es admirable y acaso el  único en el mundo. No es teoría académica sino análisis conductista de la sicología animal, prodigiosa intuición nacida del contacto con  los canes en la hacienda de su abuelo en Méjico. Se trata de un indocumentado latino, que cruza la frontera gateando hacia Usa con la vista puesta en Lassie y Rin Tin Tin de las películas y quiere ser el mejor etólogo de Hollywood y entrar en los programas de National Geographic Cannel. Pues ya lo ha conseguido. Con su tacto canino está haciendo felices a millones de perros americanos y acaso sin pretenderlo es héroe mediático de todas las televisiones del mundo.  Millones de mascotas americanas agradecen la felicidad y la vida equilibrada que les devuelve  desde su escuela de sicología de los Ángeles bajo el poder encantador de sus manos.

En lo referente al género gramatical de los nombres, sin embargo, no ha tenido tanto acierto. Posiblemente sea el influjo feminista de su coautora. En español la palabra perro es una palabra genérica que incluye el masculino y el femenino. No necesita aclaraciones redundantes. Ese perro, sin más, incluye los dos géneros. Solo cuando el discurso del habla exige la forma femenina perra ya supone alguna variación semántica, una perra particular, la que parió, la que está enferma. Así es el estado natural de la lengua española, la lengua en estado equilibrado. Lo mismo sucede con otros nombres que a veces ni existe la forma femenina. Hombre, por ejemplo, sin más, implica hombre y mujer. No hay hombra, ni miembra, aunque lo diga la ministra española de igualdad y ofrezca raras explicaciones para justificarlo. El masculino expresa ambos géneros. Y esto es así, no por manipulaciones machistas de nadie sino por efecto de largas formaciones históricas y largas sedimentaciones de siglos que modulan la estructura de la lengua. Lo mismo que la evolución de las especias que explica en el libro. Si el contexto de la lengua, por su claridad, no lo exige, añadir la merca femenina es pedantería, es seguir la moda y ceder a lo políticamente correcto que casi siempre es erróneo. Las correcciones lingüísticas como las genéticas no son tan fáciles, y las lenguas, todas las lenguas, son como son y no cómo cualquier reformador quiere que sean. Si la mascota necesita compresión y respeto, la lengua, también.

Mientras leía el librito, por lo demás con tanto interés que todavía sigo con él a la vista en la biblioteca, encontré algo que me desconcertó. Había olvidado la nota que aclaraba la postura de los autores sobre el género de los animales y raro me parecía que en algunos capítulos solo aparecían manadas de perras, solo perras. Algo así como si Méjico fuera tierra de perras donde habrían desaparecido los perros. O como si la escuela de César fuera un colegio de adoratrices que solo recogía las perras malas de Méjico. O como si el uso del español mejicano hubiera preferido el femenino para la denominar a todos los perros del continente. O como si el nombre de perras se hubiese convertido en un modismo mejicano que incluyera a los dos géneros. Debería ser una variante morfológica que yo desconocía. Releyendo el libro entendí la nota del género. Para resolver el machismo de esa lengua española contaminada y escoger un camino neutral, ambos coautores, César-Melissa, intentan resolver el problema con una solución salomónica. Los capítulos pares son, masculinos, y los impares, femeninos. El género por sorteo y problema resuelto, perro o perra según  toque. La incoherencia del discurso salta pronto a la vita y se rompe todo el sistema comunicativo del habla hispana, el de Fuentes, el de Rulfo y el Cervantes: entra  en zona roja. Claro que esa no es la solución. El problema del género de las palabras es un rasgo semántico, se aprende con la lengua, se decanta durante siglos, como la evolución de las especies, por leyes que escapan al voluntarismo político, mediático y a la moda farandulera. Está fuera de la competencia de los escritores. Tú, César, dominas la energía canica con la inmensa sabiduría empírica de tus manos; y yo te admiro y reconozco. Pero la solución del género gramatical de tus manadas es un error. Hasta los perros–ellos y ellas- protestan. Ellos o son perros o son perras. Pero cuando llamas perras entonces los perros gruñen instintivamente porque los perros no son perras. Acusa la lengua. Ella igual no es tan rígida como las especies del reino animal. Pero ahí está con su estructura secular. Cualquier recambio de pieza como la modificación del género, producen terremotos en su estructura histórica. La misma estampida que un depredador en la bucólica charca de animales en la selva.

Yo veo tus programas los fines de semana y los efectos de tu terapia sobre los miles de mascotas que llegan buscando ayuda. Veo su efecto colateral en las terapias sobre sus dueños. Muchos amos llegan ahí más enfermos que sus perros o con el contagio que ofrecen a los animales. Entiendo que los responsables de los problemas de los animales son sus cuidadores, los humanos. Necesitas ampliar tu residencia canina con una escuela aledaña para internar a los muchos dueños de perros. La mayoría de sus males, los malos tratos, mala educación, muchos traumas animales, son producidos por el hombre. Y la crueldad con ellos es irracional y sus autores necesitan rehabilitarse como sus animales. Incluso con terapia familiar. Se entiende el eslogan: Rehabilito a perros y adiestro a sus dueños. Los perros nos conocen mejor a nosotros que nosotros a ellos, son infinitamente más cariñosos, más nobles con nosotros que nosotros con ellos. Los malos tratos implican un grado de degradación humana importante y necesitan rehabilitación tanto como sus perros. Siguen siendo los mejores amigos del hombre. Por lo tanto con el mismo empeño que pido cariño para los perros y pena para el maltrato, pido también respeto para esa la lengua hispana que es el bello sistema de comunicación de quinientos millones de latinos que nos movemos aquí y allí. Como si la lengua fuera un chiguaga. También ella puede entrar en zona roja, tiene su propia energía telúrica en cada rincón del mundo, sensible al tiempo y al espacio; y cualquier violencia de una pieza de esa estructura rompe su bella armonía y la sitúa en situación de  alarma. No hay terapia a corto plazo porque el género de las palabras es también una formación secular y por lo tanto muy resistente al cambio. Y como los problemas culturales y la evolución de las especies son procesos  lentos que obliga a tener paciencia y esperar. Ese juego alternativo de las páginas de un libro no puede resolver el machismo estructural de la lengua que tanto preocupa a los feministas y tan poco a las mascotas del mundo. Ese no es el problema.

Cereijo

Murcia 22 – 08- 10

Arcaica justicia mundial

Escrito por cronicasdelnoroeste 14-09-2010 en General. Comentarios (0)

 

ARCAICA JUSTICIA MUNDIAL

 

          Cuando los grandes organismos intervienen en problemas mundiales suelen hacerlo tarde, mal y sin eficacia. Suelen enredar mucho más que clarificar. Vean los arreglos de las Naciones Unidas con montones de resoluciones fallidas a sus sedes, asambleas generales o particulares incoherentes, su pérdida de solvencia. A veces sólo queda detrás el humo de la burocracia. El orden financiero mundial parecía ejemplar y modélico en su funcionamiento global y también acaba de sufrir el mayor fiasco de su historia hasta poner en crisis la seguridad del dinero del mundo. Alarma roja en las finanzas, zozobra y desconfianza que todavía no se ha restaurado. Y ahora la JUSTICIA, sí, la justicia mundial. El tribunal internacional de La Haya acaba de producir otro sismo, un exabrupto jurídico sobre las proclamas de autodeterminación de los pueblos, en el caso de Kósovo. Éramos pocos y parió la abuela. Con el caos que existe en geopolítica mundial en todos los órdenes, pocos muy ricos y muchos muy pobres, abusos de grandes sobre los pequeños, fronteras inestables, colonias y administraciones, invasiones que ponen al planeta en llamas con regularidad. Hace poco un juicio internacional, el  de Nuremberg, hizo justicia a favor de una parte, los vencedores, y dejó la devastación de la población civil en la otra parte, la destrucción de Dresde y otros genocidios, en la impunidad y el olvido. El tribunal mundial con autoridad, con jurisdicción, con poder ejecutivo en el mundo, los órganos políticos de las Naciones Unidas con capacidad para garantizar la paz internacional, como se pensó el siglo pasado, no existen. No hay. Ni hay  controles políticos ni jurídicos eficientes.

Claro que soy lego en la materia y poco importa mi opinión. La opinión es libre y escucho la voz del sentido común. Hay notas de la resolución del gran tribunal que no encajan. Me huelen a disparate. Equivale a echar gasolina al fuego. Si la justicia ha de ser ponderada; si la cara del mundo actual es ya un caos, una tea inflamable, una casa de locos, un club anárquico de tribus primitivas revueltas incapaces de ponerse de acuerdo y frenar conflictos; si asistimos a una crisis de fondos mundiales, si ahí está en llamas el Medio Oriente, si andan todavía pueblos errantes sin un trozo de tierra estable, si hay esclavos coloniales a la vista de todos, si andan los indios americanos sin espacio seguro  en la selva. Si además la justicia es buena o mala por las secuelas que se derivan de ella, desconcierta aquella sentencia. Son  las premisas que dejan puertas abiertas al caos. Por lo visto a partir de ahora cualquier pequeño grupo sedicioso del mundo, cualquiera pequeña etnia, cualquiera tribu perdida, cualquier islote del mar, puede redactar una proclama de independencia y todo será legal. Acaso pedir anuencia a Usa que sigue siendo el gran inquisidor del mundo. Como si los conflictos de fronteras, las soberanías sueltas, las sediciones de grupos militares, los guerrilleros, no fueran un peligro. Pues nada, ahí están los pirómanos de la Corte Suprema para llenar de gasolina los pobres intentos de paz. Veremos pronto los incendios provocados por la doctrina de la corte soberana de justicia.  

Malas premisas. Los jueces deben observar el contexto y prevenir las consecuencias. Ya se oyen los aplausos de los grupos separatistas y guerrilleros del mundo, grupos minúsculos, llámense como quiera, etnias, regiones, cantones, provincias, tribus, tienen derecho a proclamar su independencia. Todos somos Kósovo. Y nadie podrá impedir la floración de mil reinos de taifas en todo el territorio hispano, los fragmentos de la vieja unión soviética, las tribus africanas, los indios americanos. Algo parecido a la peligrosa desintegración atómica como norma de convivencia social. Díganlo en positivo o negativo que me  da lo mismo. Los togados europeos del tribunal internacional, que creo que cobran bien y tienen incluso por allí a Garzón como asesor u ordenanza, se quedan tan tranquilos. ¡Todos de acuerdo con la estampida! Ellos son los amos del bien y del mal, son omniscientes y todopoderosos, ni les sucederá nada, ni serán llamados a la guerra. Otros tendrán que sacar las castañas del fuego. Habrá más trabajo para abogados y más burocracia. Cuantos más conflictos, mejor; más armas, más bomberos, más pleitos.

Sentencia arcaica, extemporánea, fuera de tiempo, sin sentido histórico, sin visión de la realidad social. Una realidad que no debe ser ajena al análisis judicial. Somos una unidad holística, un mundo global, una tendencia en proceso de integración, una tendencia unitaria. Hay tensión de unión política, unión cultural, Naciones Unidas, comunicación on line sin tiempo ni espacio, finanzas con control único. Ni siquiera los románticos del siglo diecinueve entenderían este desafuero individualista. Europa es una, África y América se unen. Lo pequeño se degrada y muere, la separación es regresiva y anacrónica. En cambio el progreso sigue en la integración con la marcha de la historia. Mientras tanto un grupo de togados de La Haya sentencian que cada pueblo puede decidir su soberanía de forma unilateral. Una proclama soberana más y una nueva silla en las grandes asambleas importa poco. De momento se dirá que cada caso es diferente. Que España no es Kósovo. Pero en una tierra de puro relativismo y ambiciosas e insaciables apetencias de feudos nacionalistas cualquier pretexto es trampa. El camino está abierto y se multiplicarán las proclamas en todos los continentes con una sentencia en la mano, habrá levantamientos contra las metrópolis, contra los gobiernos centrales, contra el viejo orden impuestos por largas tradiciones de uno y otro continente, con peligrosos reajustes geopolíticos nacionales e internacionales; con cuenta al tribunal de La Haya.

Ya debería entenderse que la pretendida soberanía de pueblos en este pequeño mundo es una utopía. No existe. Deberían entenderlo ustedes, señores letrados, que saben muchos. ¿Dónde está esa independiente absoluta? Independencia ¿de qué? Si quien no anda en una zona de influencia anda en la otra. En vez de soberanía debería hablar de pactos, de tratados, de diplomacia, integración de  unidades políticas y jurídicas. Miren que ya los problemas de las naciones europeas se resuelven en Bruselas, no en Kósovo. Hay más elementos comunes en los pueblos de cada zona que divergencias sobre todo en pueblos que tienen largos tramos de historia juntos. Soberanías inútiles e imposibles. Ya no hay islas solitarias ni átomos sueltos. Y en cambio el peligro está en las fisiones destructivas de la materia. Los togados europeos se empeñan en andar contra corriente y deberían entrar en la realidad porque seguramente la Onu no tiene tanta agua para apagar tantos fuegos ni tantos cascos azules para repartir por el mundo.

Decisiones desfasadas. Se supone que el interés colectivo está sobre el particular. Hablando de comunidades de vecinos, de obras públicas, incluso de la propiedad que es tan privada se subordina todo se subordina al bien común, la función social. Incluso el torrente de la cultura global arrolla las manifestaciones folclóricas, la parte al todo, el órgano al cuerpo. Y no puede anteponerse el interés de la tribu a la república y el grito de los nacionalismos perversos a la corriente tranquila de un río caudal. Preferible la historia común de los pueblos que las explosiones violentas y buscar afinidades antes que diferencias, antes el abrazo que explosión de las repúblicas soviéticas y de Yugoslavia. Y ahora Kosovo es el último disparate bajo el amparo de la ley. Se pretende apagar una cerilla e incendian el bosque. Ojalá no sea así.

 

 

Cereijo

Murcia. 23-7-10